El aprendizaje no es silencioso...

Durante mucho tiempo hemos confundido el silencio durante las explicaciones con el aprendizaje. Entramos en un aula, vemos a los alumn@s callad@s, mirando a la pizarra, aparentemente atent@s… entonces respiramos tranquilos y pensamos que todo parece estar funcionando.

Pero esa tranquilidad, muchas veces, es una ilusión.
El silencio no demuestra que estén entendiendo. A menudo demuestra justo lo contrario, que no saben por dónde empezar, que no se atreven a preguntar, que están desconectados o simplemente cumpliendo con lo que se espera de ellos.

Y aquí es donde caemos en la ilusión de la enseñanza, es decir,  explicamos, creemos que lo hacemos bien, nadie interrumpe… y asumimos que el aprendizaje está ocurriendo.

Pero que el profesor sienta que ha explicado bien no le garantiza que el alumnado esté aprendiendo, porque aprender no es escuchar, no es mirar, no es asentir. Aprender es intentar, es probar, es equivocarse, es volver a intentar, es explicar con tus propias palabras algo que todavía no dominas del todo.

Entonces pasa lo de siempre: tú explicas, todo parece claro… pero cuando los chic@s se enfrenta sol@s a la tarea, no saben por dónde empezar. Y ahí es donde se ve la realidad, porque el aprendizaje de verdad no es silencioso. Cuando alguien duda hace ruido, cuando alguien se equivoca hace ruido, cuando un alumn@ intenta explicar lo que está aprendiendo y no le sale a la primera hace ruido y cuando se atreven a pensar en voz alta hacen ruido.

Un aula en silencio constante no es necesariamente un aula donde se aprende. Puede ser un aula donde nadie está pensando y pensar de verdad implica incomodidad, fricción, participación. Por eso el reto no es solo explicar mejor. El reto es conseguir que el alumn@ haga algo con lo que escucha, que lo use, que lo transforme, que se equivoque con ello.

Ya no basta con saber...


Es imprescindible ser facilitadores para que puedan ayudar para que adquieran nuevas habilidades como el pensamiento analítico, la conciencia algorítmica, el pensamiento crítico o la capacidad de analizar la información que consumen a diario. Durante años hemos centrado el aprendizaje en adquirir contenidos. Lo que está ocurriendo es que hoy en día el problema no es acceder a la información, sino saber qué hacer con ella. Tenemos infinidad de posibilidades para conseguir "datos" y sin embargo faltan respuestas prácticas y efectivas.  

Ya no se trata solamente de saber, sino de interpretar lo que se aprende, saber cuestionarlo, tomar decisiones y actuar con criterio. Y esto no es algo teórico: es lo que ocurre cada día cuando un alumn@ aprende, busca información, consume contenido en redes o utiliza una herramienta digital. 

Desde mi experiencia como docente, esto nos obliga a replantear el enfoque. No es mantener o añadir más contenido, sino trabajar de otra manera: generar situaciones, en las que los chicos y chicas tengan que pensar, elegir, argumentar y justificar. Al final, lo importante no está en cuánto saben o podrán saber cuando terminen su etapa de escolarización, sino en cómo utilizan o utilizarán ese conocimiento en contextos reales.